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La mitad del fondo marino que rodea la Isla es ya un desierto sin vida

El Día

La Palma

El estado de conservación de los fondos rocosos sigue degradándose con los años, según los expertos, hasta el punto de situar en un 48,36% el área subacuática afectada. El lecho marino en mejor estado se localiza en el sur, pues coincide con la zona integral de la Reserva Marina; el peor, en la costa de Tazacorte.

Tras años de estudios, los especialistas encargados de informar a las administraciones de la situación en la que se encuentran los ecosistemas insulares, en este caso el marino, han determinado que el fondo rocoso palmero, bajo la superficie del agua, ha sobrepasado ya el ecuador que marca el nivel de deterioro al que se ha sometido al lecho marino.

El mal estado de los fondos rocosos es evidente, según los expertos. Los indicadores estudiados en 51 puntos distintos, repartidos homogéneamente por todo el litoral insular, desvelan actualmente que casi el 50% del lecho marino que rodea La Palma es “un verdadero desierto de biodiversidad”. Concretamente, el 48,36% de la superficie subacuática está seriamente degradada y son blanquizales desprovistos de macroalgas erectas y peces, en donde el erizo de lima, como único exponente, campa a sus anchas.

En el año 2008 varios especialistas contratados por el Consorcio de la Reserva de la Biosfera ya advirtieron, en un informe que publicó EL DÍA, de que los blanquizales, zonas rocosas vacías de vida, se estaban extendiendo de forma imparable, detectando incluso hasta 150 millones de erizos de lima en una cota no inferior a los 20 metros de profundidad. Hoy, tres años después, la isla está prácticamente rodeada de estos espacios sin cubierta vegetal y peces.

Es más, este ecosistema degradado no se distribuye homogéneamente por los fondos de la Isla, sino que es más abundante en determinadas zonas como la costa este y oeste de La Palma, en lugares donde la presión y explotación antrópica es mayor, como Santa Cruz, Los Cancajos (Breña Baja), Puerto de Naos (Los Llanos) o El Puerto de Tazacorte.

La ausencia de macroalgas en estos espacios demuestra el alto estado de degradación al que han llegado los fondos, ya que la roca queda desnuda y con ausencia de estos elementos estructurantes. En aquellas zonas donde el oleaje es mayor, o donde este se combina con la sedimentación, el erizo tiene limitada su presencia, ya que su biología le impide desarrollarse en ambientes de elevada dinámica marina. Es por ello que las coberturas de macroalgas y peces son superiores en el norte y noroeste de la Isla (Puntagorda, Garafía y Barlovento).

En el suroeste y coincidiendo con la Reserva Marina de La Palma (y en especial con la Zona Integral entre El Remo y Fuencaliente), así como en determinadas zonas del norte y sur de la Isla, la presencia de más poblaciones de predadores de los erizos, debido a la menor presión pesquera, revierte directamente en el mantenimiento de las poblaciones del erizo en bajas densidades y con ello en una mejor funcionalidad y productividad del ecosistema.

Así, el análisis de todos los indicadores marca un índice de conservación para los fondos rocosos de la Isla en el que se determina que los fondos en mejor estado de conservación corresponden con la Reserva Marina y, en menor medida, en zonas del norte (coincidiendo en gran parte con el municipio de Garafía). Por el contrario, las zonas más degradadas, casi en su totalidad, están en Tazacorte y parte de Puntagorda.

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Peligran especies como el mero, el abade, la cabrilla o la vieja

El Día

Las poblaciones de serránidos son un buen indicador para evaluar el estado de conservación de los fondos al tratarse de especies predadoras y de lento crecimiento, que necesitan de fondos de macroalgas con abundantes presas. Por otro lado, su gran sensibilidad a la pesca identifica las áreas con sobreexplotación.

Se han realizado estudios sobre la abundancia de estas especies: mero (Epinephelus marginatus), abade (Mycteroperca fusca) y cabrilla (Serranus atricauda); y de la de mayor interés comercial, la vieja (Sparisoma cretense), para ofrecer una visión general del estado de todo el ecosistema marino.

La conclusión es que la presión pesquera y la desaparición de las macroalgas está incidiendo directamente en la biodiversidad, especialmente en la presencia de estos peces, cada vez menos abundantes.

Así, el mero, la especie de mayor tamaño y longevidad, únicamente mantiene poblaciones estables en la Reserva Marina de Fuencaliente. Fuera de ella, la especie es prácticamente nula. En el caso del abade y la cabrilla sucede algo similar, aunque al tratarse de especies de menor porte y crecimiento más rápido, presentan poblaciones más desarrolladas. La Reserva Marina sigue siendo la zona de mayor abundancia donde los especímenes alcanzan mayor talla, aunque también en determinadas zonas del norte y sur de la Isla presentan poblaciones notables.

La abundancia de la vieja es mayor en el suroeste y oeste, mientras que en el resto de la Isla sus poblaciones se encuentran muy reducidas. En el norte, aún existiendo fondos con campos de macroalgas, la vieja ya es poco abundante y se encuentra en estado de regresión.

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