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Labores agrícolas en peligro de extinción

Canarias7

La Palma

Se recoge sobre todo por una cuestión sentimental. El cultivo la almendra, en La Palma, desde hace años, no resulta rentable, pero muchos agricultores no soportan que esta exquisitez se pudra en el árbol. Su recolección permite un reencuentro con las tradiciones apegadas a la tierra.

La almendra se recolecta prácticamente igual que la aceituna, explica Vicente Rodríguez, agricultor y alcalde de Puntagorda. «Con una vara se dan palos al árbol hasta que bota el fruto y cae sobre una malla extendida alrededor», señala. Tales golpes, añade, además, «producen una reacción que provoca, a los pocos meses, la nueva brotación». La cosecha se lleva a cabo entre los meses de agosto, septiembre y parte de octubre.

Puntagorda, El Paso, Tijarafe y Garafía son los municipios de la almendra por excelencia de La Palma. Sin embargo, pese a que, sobre todo durante la época de floración (enero y febrero), estos árboles conforman un vistoso y apretado bosque blanco y rosado, este cultivo de las medianías, en otro tiempo dinámico y generoso, se ha quedado en una actividad agraria testimonial y asilvestrada.

«La viabilidad de la almendra», comenta Vicente Rodríguez, «es complicada debido a su baja rentabilidad» y «ello ha llevado a su abandono casi total». El relevo generacional, alega, desapareció hace tiempo del horizonte. No obstante, sentencia, «ahora, con la crisis, a lo mejor se vuelve a recuperar, aunque lo veo difícil pues estamos mal acostumbrados y trabajar en el campo requiere mucho esfuerzo».

El retroceso de este cultivo en La Palma se inició hace varios lustros por culpa de la importación de la variedad del citado fruto seco procedente especialmente de California a precios irrisorios. Con respecto a la que se recogía en los años 60 del pasado siglo, ha descendido un 95%; es decir, ha pasado de 3.500 toneladas en aquella época a menos de 200 en la actualidad.
La almendra, apunta, «estaba asociada a otros productos de las medianías, como hortalizas y, sobre todo, cereales». Al desaparecer tales sembrados, destaca, «los almendros se asilvestraron entre la maleza y, en consecuencia, recoger sus frutos, es más arduo, por lo que, actualmente, nadie vive de esta exquisitez».

En el pasado y hasta épocas recientes, señala el consejero de Agricultura del Cabildo de La Palma, César Martín, en un articulo publicado en la revista Palca, «el cultivo del almendro ha tenido una importancia considerable en la Isla, tanto por su contribución a las rentas de los agricultores, como desde un punto de vista medioambiental y paisajístico singular».
En el año 1999, dice, «el sector lo componían entre 400 y 500 productores con una superficie media por productor cercana a las dos hectáreas».

Una marca de calidad

El pleno del Cabildo de La Palma, en el anterior mandato, aprobó «una moción cuyo objetivo es crear y potenciar una marca de calidad de la almendra palmera», recuerda el consejero insular de Agricultura, César Martín. Dicha marca de calidad, sintetiza, «deberá aglutinar a todos los agentes que intervienen en el sector para buscar una estrategia global». También destaca el aspecto turístico, «Es evidente», dice, «la contribución de este cultivo al paisaje insular, así como al mantenimiento de unas tradiciones locales, de una repostería artesanal y de una gastronomía diferenciada (cultura culinaria)». Todos estos ingredientes, resalta, «son activos para un modelo de desarrollo turístico diferenciado y selecto».

Martín Macho
Garafía

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