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Cultivos transgénicos, otra vuelta de tuerca de la revolución verde

Revista Digital San Borondón

Canarias

Pablo Vázquez, Ingeniero Técnico Agrícola y representante de la Red Canaria de Semillas. Colabora además con Ben Magec para asuntos de agroecología y trabaja en estos momentos como asesor técnico de huertos escolares ecológicos para el Cabildo Insular de Tenerife, habla en la Sala San Borondon acerca de los cultivos transgénicos

Audio de la charla

El pasado miércoles día 6 de mayo tuvo lugar en la Sala San Borondón del Centro de la Cultura Popular Canaria una interesante charla-coloquio centrada en el tema “Canarias, cultivos y consumo humano de transgénico”, en la que participó entre otros el Ingeniero Técnico Agrícola Pablo Vázquez, quien explicó la diferencia entre un transgénico y un híbrido, y desveló el gran negocio que se esconde tras las cuatro o cinco grandes empresas que a nivel mundial controlan la producción de estos cultivos.

“Es cierto que mucha gente tiene los miedos de que todo puede ser transgénico, o que cualquier producto que veamos fuera de lo normal puede estar modificado genéticamente, y no es así”, comenta Vázquez, haciendo referencia a esos productos que nos llaman la atención por, por ejemplo, no tener pipas. Cuenta que se comercializan en el mundo 4 ó 5 cultivos transgénicos, y que a nivel comercial tienen representación el algodón, la colza, el millo, la soja y una papa con modificación genética para la producción de más almidón.

Apunta que seguramente se llevan a cabo investigaciones con otros cultivos, y menciona la papaya, los tomates, … además de con animales, señalando que existe algún tipo de gallinas sin plumas con el único objetivo de no tener que refrigerar tanto las granjas.

Trata Vázquez en primer lugar de definir un transgénico para diferenciarlo con los híbridos, mucho más comunes y mediante los que se consiguen, por poner un caso, frutas sin semillas. Un ejemplo de híbrido sería el kiwi de pulpa amarilla. Aunque no conoce con exactitud cómo se hizo el cruce para obtener esta fruta, basándose en sus conocimientos y experiencia intuye que puede haber sido creado cruzando un kiwi verde con algún pariente silvestre “muy emparentado”, tanto que pueda polinizarse con el kiwi verde hasta obtener un kiwi que tenga la pulpa amarilla y la dureza o forma que se estime.

Cuenta que así se hace actualmente con el tomate de importación de Canarias, por ejemplo, y con muchísimos otros cultivos, pues los híbridos han empezado a desplazar a las variedades locales en aquellos lugares que se han dedicado a la exportación, que se han integrado en la llamada “revolución verde” (incremento de la producción agrícola a partir de los años 50 como consecuencia del empleo de técnicas de producción modernas, concretadas en la selección genética y la explotación intensiva permitida por el regadío y basada en la utilización masiva de fertilizantes, pesticidas y herbicidas).

Según Pablo Vázquez, “los transgénicos no son más que otra vuelta de tuerca de la revolución verde”, y se logran de una manera bastante distinta a los híbridos. Y es que, en el caso de los transgénicos se manipula el material genético a nivel celular.

Para ello es necesario aislar una célula, el núcleo y el cromosoma del organismo vegetal que se quiere modificar, y hacer lo propio con una célula del organismo, sea planta, animal, bacteria o virus, del que se quieren obtener las características para implantárselas al cultivo. Se aisla todo ese material genético y se fusiona.

Las técnicas con las que se fusionan son, dice Vázquez, bastante inexactas, lo cual constituye uno de los riesgos que ponen de manifiesto los transgénicos. “No es lo mismo hacer un kiwi amarillo con un kiwi verde y un kiwi silvestre, que hacer un millo transgénico con un maíz y genes de un pescado, que es lo que se está haciendo para hacerlo resistente a un herbicida”, comenta.

Y añade: “A un herbicida, por completar el ciclo, que vende la misma empresa que te vende la semilla. Luego, entonces, se asegura el negocio. A los agriculturos los mete en un cinclo sinfín y en una dependencia de sus productos”, denuncia el Ingeniero Técnico Agrícola.

Cuenta que la empresa que domina más del 90% de la soja transgénica del mundo es Monsanto, y puntualiza que el 90% de la soja del mundo es transgénica, y que la única que asegura que no lo es es aquella certificada como agricultura ecológica y aquellos productos que, a pesar de que no estén certificados en ecológico quieran comunicarle al consumidor que esa soja o ese maíz no es transgénico.

El negocio está también en las patentes

Explica Vázquez que parte del interés de la fabricación de semillas transgénicas para Monsanto y para las otras cuatro o cinco empresas que a nivel mundial dominan este mercado, son las patentes.

Por éstas, “tienen la desfachatez y el derecho de denunciar a agricultores que han sido contaminados con polen que ha viajado más de 10 kilómetros desde fincas transgénicas hasta otras donde no siembran transgénicos [...] Si ese agricultor que ha sido contaminado y no se ha enterado, recoge su semilla y la siembra, está sembrando el gen patentado por Monsanto sin su consentimiento y sin pagar el royaltie. Esto es uno de los mecanismos básicos por los que obtiene dinero también esta empresa: denunciando agricultores contaminados”.

Es básico y fundamental limitar la coexistencia de cultivos transgénicos y ecológicos

Por eso, concluye el experto, es “básico y fundamental limitar la coexistencia y gritar con la voz alta que la coexistencia es imposible, porque vulnera la libertad de elección de los agricultores que rodean el campo transgénico”.

Señala que en Aragón y en Cataluña se ha reducido drásticamente la superficie de millo ecológico, ya que estas dos Comunidades son las que más cultivan transgénicos en España. En el país se plantan entre 80.000 y 100.000 hectáreas actualmente, siendo el único gran productor de Europa, y casi todo concentrado en estas dos regiones, que han visto retroceder su superficie de millo ecológico en más de un 35% en los últimos cinco años.

“No pueden cultivar ecológico porque aunque lo siembren, lo fertilicen con ecológico y hagan buenas prácticas de agricultura sostenible, el polen de los vecinos, que no es culpa de los vecinos, sino de los poderes fácticos que hay detrás, les contamina y les imposibilita comercializar su producción como ecológica, porque pasa el umbral de contaminación permitido para etiquetar un producto como ecológico, que es un 0,9%”.


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